El país vecino, un gran desconocido. Día 3.

Las 8 de la mañana, ya hemos desayunado y comenzamos el día. Nada más salir lo primero será buscar una gasolinera para lavar las motos, después de quedar arrancados ayer en las dunas están llenas de arena.
Volvemos a las rectas interminables con desierto a los lados, aunque de vez en cuando nos aparece algún oasis repleto de palmeras verdes y un río de agua cristalina, parece sacado de un cuento.


En el Alto Atlas y a través de una carretera estrechita tras una curva a derechas entre dos paredes de repente se abre la tierra y ahí está, la Garganta del Todra, durante unos minutos me quedo sin palabras, es más impresionante de lo que me habían contado, como esto tan enorme podía estar aquí tan escondido, (me preguntaba). Unas paredes gigantes y abajo un río de agua cristalina cerca de un estrecho camino, donde circulaban, cientos de turistas, coches, autobuses y grupos de motos, incluso coincidimos con un grupo de paisanos un grupo de “Granainos” que incluso iba un conocido, que pequeño es el mundo.
Paramos a tomar la foto de rigor y decidimos subir más arriba, salir de la garganta y llegar hasta un pequeño hotel al borde del río, el acceso al bar es complicado pero la tranquilidad y las vistas que hay desde allí, merece la pena. El tiempo ha pasado volando entre charla, continuamos el camino hacia abajo para salir de la garganta.


Unos kilómetros más adelante presenciamos un accidente, uno de los integrantes de un grupo de españoles pierde el control en una curva y cae por el terraplén, la caída a sido aparatosa, incluso ha roto el depósito de la gasolina y se ha salido toda, el piloto está bien, algún rasguño pero nada grave. Ayudamos a levantarlo y continuamos.
Al filo de la carretera a tan sólo 2 kms de las Gargantas del Dades pasaremos la noche en un albergue, paramos a dejar el equipaje, vemos que la habitación no tiene mala pinta, decidimos subir al puerto del Dades, un puerto con cierta similitud al Stelvio por sus curvas cerradas, pero bastante más corto que el Stelvio. Arriba sopla mucho el viento, llega a ser molesto, tomamos un delicioso café con canela, hacemos unas fotos y volvemos al albergue. Una ducha y a descansar un poco. Fuera empieza la lluvia, minutos antes hacia un sol que quemaba y ahora diluvia. Nos resguardamos en el albergue y hacer hora para la cena, sentimos ruido, es un autobús con turistas, el albergue ha quedado lleno de turistas de todas las nacionalidades entre ellos una pareja de españoles con su niña.


Cruzando al otro lado de la carretera hay varios restaurantes, elegimos uno y entramos a cenar, estamos solos, el dueño, camarero y cocinero (hace de todo el hombre) del restaurante nos dice que puede cocinar lo que queremos, añoramos las patatas fritas jejejeje estaría bien unas patatas con brochetas de pollo. Deliciosa la cena, ahora toca irse a dormir.

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